Los primeros años de la Segunda República Española

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constitucion1931Manuel Azaña «se esforzó por sentar las bases de una democracia moderna, formando un gobierno integrado por Izquierda Republicana y los socialistas»1 en 1931. En este gobierno, Largo Caballero (líder de UGT) ocupó el Ministerio de trabajo. Pero el mencionado gobierno mostró rápidamente su debilidad. La izquierda en el poder arremetía contra la Iglesia y el ejército por representar, según aquélla, el antiguo régimen que era necesario abolir. En cuanto a la Iglesia, el gobierno pretendía liberar a la sociedad de su influencia, y para ello declararon que la República era aconfesional y, entre otras cosas, «planearon arrebatar a la Iglesia, a medio plazo, la educación […]»2. Además, esta Izquierda en el poder, a juicio de Eslava, estaba obcecada en atacar a la derecha en vez de buscar puntos de encuentro con ésta para «paliar el paro y la inestabilidad social heredados de la crisis económica mundial». Con Largo Caballero en el Ministerio de trabajo, «el desempleo pasa de medio a un millón de personas»3 y, por lo demás, no fue capaz de evitar que gran número de obreros ingresara en la CNT4, «un sindicato más radical y menos comprometido con el gobierno y cuya ideología acabó identificándose con la Federación Anarquista Ibérica (FAI), más inclinada a corregir sus objetivos por las bravas»5. Los sindicatos CNT y UGT, según Escohotado, son dos pilares de la ruina económica a lo largo de la Segunda República, en la medida en que ambos condicionan unos sueldos «que crecen sobre el vacío, desmoralizando y arruinando a buena parte del empresariado […]»6. Dados estos precedentes, evidentemente podemos observar que el gobierno se encontraba en una posición debilitada. Y los ánimos se fueron caldeando con el pronunciamiento de Sanjurjo en 1932, la matanza de Casas Viejas en 1933 y los «actos de clausura de la revolución de Asturias organizados por Franco»7 en 1934. La sociedad, cada vez más politizada, «se hallaba escindida en dos bandos cada vez más intransigentes: derecha, predio de burgueses y ricos, e izquierdas, refugio de los parias de la tierra y desheredados en general»8. Los dos bandos se escrutaban con odio. El país de la República era un lugar más fértil en analfabetos y hombres de acción apasionados y montaraces que de hombres reflexivos, por lo que los adalides de ambos bandos condujeron fácilmente a sus masas por medio de «media docena de consignas fáciles de recordar»9. Ante los síntomas revolucionarios que mostraba la izquierda, la derecha, coagulada en la burguesía, el capital y el funcionario, por temor de perder sus propiedades y privilegios de clase, formó en 1933 una coalición para hacer frente a los peligros que le acechaba: CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Ese mismo año la nueva coalición ganaría las elecciones por un escaso margen.

1Eslava, Historia de España contada para escépticos

2Ibíd.

3Escohotado, Los enemigos del comercio II

4Sobre el simpatía que despierta la CNT después de la guerra civil y la posgerra, Escohotado nos dice: «Mi generación, por ejemplo, se formó venerando a la CNT como única empresa revolucionaria sin dogma ni ansia de dominio, cuyo adversario principal fue la ingenuidad propia de gentes benévolas como rudimentariamente educadas. Quien ve en la libertad el norte y el valor supremo será ácrata, aunque ni su versió rusa ni la ibérica enseñen a respetar la autonomía ajena, y se consientan hipotecar la propia al fanatismo homicida» (Los Enemigos del Comercio II)

5Eslava, loc.cit.

6Escohotado, loc.cit.

7Eslava, loc.cit.

8Ibíd.

9Ibíd.

Aristóteles: anotaciones sobre política

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El sentido finalista del animal político

politicaEn un breve espacio de tiempo, es decir, en poco más de un siglo, a lo largo del siglo IV, los griegos experimentaron una gran diversidad de regímenes políticos, a saber: «monarquía, aristocracia, con todos sus intermedios y formas degeneradas correspondientes: tiranía, oligarquía, demagogia»1. Política de Aristóteles, trufada por todas esas experiencias citadas anteriormente, se pone como objetivo «el bien común y el buen gobierno de la ciudad (πόλις)»2. Esta obra del filósofo de Estagira, observa que en el ámbito de las realidades humanas se da la comunidad política la cual, en verdad, no es otra cosa que un ser, una entidad. Por tanto, siendo un ser, le corresponde un bien propio: «el perfecto desarrollo de su naturaleza»3. Pero, si ese es el fin de la comunidad de la política, para concretar, ¿cuál es el fin de la política que está vinculada a esa comunidad? «El fin de la política debe ser el bien del hombre»4.

¿La comunidad política, por lo demás, es una entidad natural o artificial? En una primera instancia, podría afirmarse que la comunidad política es una entidad artificial constituida por una suerte de pacto entre un conjunto de humanos «que se agrupan y se asocian con la finalidad extrínseca de conseguir un bien común para todos, que complete y facilite la consecución sus posibilidades naturales»5. De este modo lo habían considerado sofistas como Licrofón, «anticipándose a las teorías de Hobbes y Rousseau sobre el origen de la socidad»6. Sin embargo, para Aristóteles la comunidad política es algo natural, pero «no natural en el sentido de que nazca ya constituida a la manera de un árbol o de un animal, sino en cuanto brota necesariamente de una inclinación de la misma naturaleza»7.

Aristóteles asevera que el hombre es por naturaleza un «animal político». Para entender tal aseveración hay que tener en cuenta su sentido finalista. En el individuo hay una tendencia innata a lograr su propia perfección, en la cual consiste su bien y su felicidad. Y no puede lograrla por sí solo, necesita de la agrupación de sus semejantes, la cual puede instaurarse como: la familia, la aldea y la ciudad o comunidad política.

La obra más excelente que el hombre puede realizar

La sociabilidad es natural en el hombre y la prueba de ello es que «la naturaleza le ha dotado del don de la palabra (λόγος)»8. A diferencia del hombre, el resto de animales solo emiten sonidos (φωνή). Y, además, el hombre piensa, esto es, hace uso de la razón y habla. La palabra no solo se concreta en el logos, sino también como diálogo, el cual permite la comunicación con otros seres semejantes. Por añadidura, el hombre es el único animal capaz de distinguir no sólo entre el dolor y el placer, sino también entre lo bueno y lo malo, lo justo y lo injusto. Así pues, la naturaleza ha constituido el hombre para que viva en sociedad. El hombre solitario es antinatural, o sea, «o es un Dios o una bestia»9. Entre las diferentes formas de asociación (κοινωνία), Aristóteles señala: la familia, la casa, la aldea, el patriarcado, la tribu y, la suprema de todas, la ciudad (πόλις), «que es la cumbre y el fin a que tienden todas los demás»10. La ciudad perfecta, según el filósofo de Estagira, será aquella que es independiente y que se basta a sí misma (ἀυταρκής). La polis «es la obra más excelente que el hombre puede realizar sobre la tierra. Es el lugar por excelencia para llevar una vida humana digna»11.

El fin de la comunidad política

La ciudad ideal aristotélica encaja con el concepto griego arcaico de ciudad. Sin embargo es necesario señalar que mientras el filósofo de Estagira diseña teóricamente la πόλις ideal, el mundo que lo rodea está llevando a cabo una disolución de ese ideal. Y será precisamente su discípulo Alejandro Magno quien abrirá la senda del cosmopolitismo. La πόλις que propone Aristóteles es una comunidad política (κοινονία πολιτική), esto es, «una agrupación, una asociación, una comunidad compuesta de hombres»12. Hay que apuntar que cuando filósofo dice hombres, quedan descartados los esclavos. Esta comunidad política tiene, a juicio del filósofo, un fin, y «tendremos que determinar primeramente con qué fin se constituye la ciudad»13. El fin es un bien que se deriva de la ciencia política y consiste en vivir bien y obrar bien, lo que en otros términos es, desde la perspectiva aristotélica, la felicidad. No hay otro bien fuera de la virtud y la prudencia, y el bien es el mismo tanto para el individuo como para la ciudad. Es verdad que vivir es un bien, pero con esto no es suficiente, pues el fin consiste en vivir bien (εὐ ζῆν): «No sólo se han asociado los hombres para vivir, sino para vivir bien»14. Vivir bien quiere decir para el filósofo llevar una vida conforme a la virtud, o sea, una vida ordenada que esté en consonancia con las directrices marcadas por la virtud, sobre todo la justicia, la cual es la columna vertebral de la comunidad política.

El bien común es el bien de unos pocos

El fin de la πόλις es el bien común. Sin embargo la palabra común hace referencia a un particular, a saber, un grupo selecto de ciudadanos que serán libres para poder perfeccionarse mediante la práctica de la virtud y de la contemplación científica. Y esto será así a costa de negar la ciudadanía a gran parte de los integrantes de la πόλις. En efecto, no serán ciudadanos las mujeres, los periecos, los metecos, los mercaderes, los labradores y, naturalmente, los esclavos. Sólo serán ciudadanos, y por tanto libres, los guerreros, los sacerdotes y los magistrados. La vida perfecta y feliz conforme a la virtud, o sea, βὶος ἄριστος, requiere, a juicio de Aristóteles, una base económica para sostenerla, y serán los esclavos quienes asegurarán este modo de vida selecto a la que tendrán acceso tan solo unos pocos: «Los esclavos son quienes deben trabajar, para que huelguen los ciudadanos libres y puedan dedicarse a la Filosofía»15. El bien común de la πόλις, por tanto, corresponde a una clase particular y minoritaria, los ciudadanos, que, a costa de una mayoría de individuos carentes de libertad (de ciudadanía), serán los únicos capaces de alcanzar la virtud y la felicidad. Este es, en fin, el ideal político aristocrático del filósofo de Estagira.

La ley y la esclavitud

La ley positiva se apoya en el pilar de la costumbre. Para Aristóteles lo conveniente es cambiar las leyes lo menos posible, pues «es malo acostumbrar a los ciudadanos a mudar las leyes» porque «la ley no tiene ninguna fuerza para ser obedecida, a no ser por la costumbre, y ésta no se forma sino con el transcurso de un largo tiempo, por lo cual la facilidad para cambiar las leyes existentes por otras nuevas es debilitar el poder de la ley»16. Por lo demás, El filósofo de Estagira observa que «el alcance de las leyes civiles es más bien negativo que positivo»17, pues éstas, a parte de ser una garantía contra la injusticia, no tienen el poder efectivo para hacer buenos y justos a los ciudadanos. Aristóteles añade que todas las leyes deben apuntar al mayor bien de la ciudad, y está fuera de toda duda para él que es mucho mejor ser gobernado por leyes que por excelentes gobernantes, pues estos últimos, a diferencia de aquéllas, están sujetos a las pasiones.

La condición de ciudadano queda restringida a unos pocos miembros de la πόλις. Aristóteles remite a un modelo arcaico de esclavitud, un modelo que incluso Platón había superado en las Leyes. Para el filósofo de Estagira «unos hombres son libres por naturaleza y otros esclavos», siendo «para éstos la esclavitud una cosa justa18 y conveniente»19. Con todo, Aristóteles señala que los esclavos no deben ser mal tratados por sus amos y el propio Aristóteles –según cuenta Diógenes Laercio–, tras su muerte y vía testamento, concedió la libertad a los esclavos que le habían servido.

Formas de gobierno

Aristóteles tiene un extenso y profundo conocimiento de las constituciones (Πολιτείαι) de las polis de su entorno. Habiendo reunido 158 constituciones, utiliza este material para fundamentar y razonar su Política. A juicio del filósofo de Estagira, el mejor sistema de gobierno es aquel «en que gobiernan los mejores»20 y el «que más eficazmente contribuye al bien de la ciudad»21, esto es, al interés común. Los tipos de gobierno se pueden reducir a tres clases: la monarquía (o el gobierno de uno solo); la aristocracia (o el gobierno de unos pocos); la democracia (o el gobierno de muchos). «El abuso del poder monárquico degenera en tiranía, que es el peor de todos»22 y la degeneración del poder aristocrático se llama oligarquía en tanto que el de la democracia se llama demagogia. En términos generales la degeneración de los diferentes tipos de gobierno sucede «cuando los gobernantes anteponen sus bienes particulares al bien común de la ciudad»23. Aristóteles «manifiesta su preferencia hacia un régimen intermedio, entre hombres libres e iguales, apoyado en la clase media»24, donde los extremos entre ricos y pobres de equilibran: «el justo medio es lo mejor en muchas cosas».

1Fraile, Historia de la filosofía I (Grecia y Roma), pág. 536

2Ibíd., pág. 537

3Ibíd., pág. 539

4Aristóteles, Ética a Nicómaco, 1094b

5Fraile, loc.cit., pág. 539

6Ibíd.

7Ibíd.

8Ibíd., pág. 540

9Ibíd.

10Ibíd.

11Ibíd.

12Ibíd., pág. 542

13Aristóteles, Política

14Ibíd.

15Aristóteles, Política

16Ibíd.

17Fraile, loc.cit., pág. 550

18La justicia es la virtud fundamental que debe regir en una polis, regulando las relaciones entre la propia polis y sus miembros, así como éstos entre sí.

19Aristóteles, loc.cit.

20Ibíd.

21Ibíd.

22Fraile, loc.cit, pág. 552

23Ibíd.

24Ibíd.

Aristóteles: formas de gobierno

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politicaAristóteles tiene un extenso y profundo conocimiento de las constituciones (Πολιτείαι) de las polis de su entorno. Habiendo reunido 158 constituciones, utiliza este material para fundamentar y razonar su Política. A juicio del filósofo de Estagira, el mejor sistema de gobierno es aquel «en que gobiernan los mejores»1 y el «que más eficazmente contribuye al bien de la ciudad»2, esto es, al interés común. Los tipos de gobierno se pueden reducir a tres clases: la monarquía (o el gobierno de uno solo); la aristocracia (o el gobierno de unos pocos); la democracia (o el gobierno de muchos). «El abuso del poder monárquico degenera en tiranía, que es el peor de todos»3 y la degeneración del poder aristocrático se llama oligarquía en tanto que el de la democracia se llama demagogia. En términos generales la degeneración de los diferentes tipos de gobierno sucede «cuando los gobernantes anteponen sus bienes particulares al bien común de la ciudad»4. Aristóteles «manifiesta su preferencia hacia un régimen intermedio, entre hombres libres e iguales, apoyado en la clase media»5, donde los extremos entre ricos y pobres de equilibran: «el justo medio es lo mejor en muchas cosas».

1Aristóteles, Política

2Ibíd.

3Fraile, Historia de la filosofía I (Grecia y Roma), pág. 552

4Ibíd.

5Ibíd.

Hegel: el fin último del espíritu

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HegelEl fin último que tiene el espíritu, esto es, la humanidad, consiste en llegar «a la conciencia de sí mismo» o hacer «al mundo conforme a sí mismo»1. Ambas cosas, señala Hegel, son idénticas. De este modo, se puede apuntar que el fin de la historia universal consiste en «que el espíritu llegue a saber lo que es verdaderamente y haga objetivo este saber, lo realice en un mundo presente, se produzca a sí mismo objetivamente». Por tanto, este fin es un producto de hacerse lo que es por medio de una suerte de autoactividad. Este hacerse no es otra cosa que un proceso –Hegel lo llama proceso absoluto– compuesto por diferentes fases, las cuales constituyen en su conjunto la historia universal. La serie de fases que componen el proceso al que llamamos historia universal son los pueblos: «los pueblos son productos que expresan cada uno una fase especial, y así caracterizan una época de la historia universal». Una fase, por tanto, es un momento en que el espíritu (el de un pueblo) alcanza su verdad, o sea, la conciencia de sí mismo (es cuando son reconocibles y tangibles las determinaciones de su vida moral, de su constitución, de su arte, de su religión y de su ciencia). «Realizar estas fases es la infinita aspiración del espíritu universal, su irresistible impulso». Y en este proceso de ir realizando las mencionadas fases, el espíritu se conduce «a una totalidad que se comprende a sí misma».

1Todos los textos entrecomillados pertenecen a las Lecciones sobre la filosofía de la historia universal de Hegel.

Escohotado: el comunismo científico

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MarxEngels.jpgPara Engels y Marx el desarrollo tecnológico garantiza «el reino de la igualdad»1. La eficiencia productiva resultante de la actividad capitalista industrial tiene que facilitar los medios necesarios para «liberar los manantiales de la riqueza colectiva». Este proyecto que apunta al reino de la igualdad está íntimamente relacionado al «nada pertenecerá a nadie» (Código de la Naturaleza, 1775, Morelly), y al «ay de vosotros» (Lucas; 6:20) que ahora se prolonga con afirmaciones del estilo «¡tiemblen las clases rectoras ante una revolución comunista!». Pero este comunismo científico quiere «desvincularse de consideraciones sentimentales, centrándose en la denuncia de una dinámica impuesta por el plusvalor (Mehrwert) o hurto de trabajo, que creó una clase condenada a crecer simultáneamente en número y depauperación». La mayoría –el proletariado–, está llamada a derrocar por la fuerza todas las situaciones sociales existentes para así romper sus cadenas y abrir un tránsito que vaya «del mercado anárquico a una economía planificada» donde el libre mercado quedará abolido y la miseria asociada al salario será disuelta.

Pero hay que despertar conciencias para que la masa proletaria se complete para el fin que propone el proyecto comunista científico, pues parte de éstas se encuentran en un estado de alienación –para Marx la alienación es inseparable del capitalismo burgués, y desaparecerá con él–. Este despertar se dará gracias a una «crisis general» del sistema capitalista que está por llegar: «la crisis general asegura que la falsa conciencia se transformará eventualmente en conciencia revolucionaria». Además, el requisito necesario para llevar a cabo la revolución es que antes se haya desarrollado una industrialización capaz de haber generado una clase mayoritaria respecto a las demás, esto es, la clase proletaria. Esta clase mayoritaria será capaz –en el contexto de la crisis capitalista que está por venir– de abolir las clases vigentes y la propiedad privada. Sin embargo hay un inconveniente en la hoja de ruta revolucionaria consistente «en dejar fuera del proceso emancipador a quienes no formen parte de ella [de la clase revolucionaria], y que su fatalismo indujese quietismo». El Manifiesto trata de superar este inconveniente matizando que una pequeña porción de la clase gobernante cortará con ella para unirse a la clase revolucionaria, pero esta medida, como se puede apreciar, se refiere a unas pocas excepciones, por lo que el inconveniente no queda superado.

Con todo, para fundamentar ideológicamente el movimiento comunista aparece la figura del intelectual que, de un modo u otro, ya arranca en el medievo «a través de clérigos insumisos que predican el Milenio; prosigue con los humanistas menos destacados por erudición y se renueva con el ilustrado a la francesa […] hasta alcanzar su primer brote de gloria a través de Marat». Esta figura del intelectual la define Schumpeter como la «profesión del no profesional, especializado en alimentar y organizar el resentimiento» y destacándose por «soslayar sistemáticamente la formación en profundidad».

1Todos los textos entrecomillados que aparecen en esta sección han sido extraídos de Los enemigos del comercio II de Antonio Escohotado.

Aristóteles: la ley y la esclavitud

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politicaLa ley positiva se apoya en el pilar de la costumbre. Para Aristóteles lo conveniente es cambiar las leyes lo menos posible, pues «es malo acostumbrar a los ciudadanos a mudar las leyes» porque «la ley no tiene ninguna fuerza para ser obedecida, a no ser por la costumbre, y ésta no se forma sino con el transcurso de un largo tiempo, por lo cual la facilidad para cambiar las leyes existentes por otras nuevas es debilitar el poder de la ley»1. Por lo demás, El filósofo de Estagira observa que «el alcance de las leyes civiles es más bien negativo que positivo»2, pues éstas, a parte de ser una garantía contra la injusticia, no tienen el poder efectivo para hacer buenos y justos a los ciudadanos. Aristóteles añade que todas las leyes deben apuntar al mayor bien de la ciudad, y está fuera de toda duda para él que es mucho mejor ser gobernado por leyes que por excelentes gobernantes, pues estos últimos, a diferencia de aquéllas, están sujetos a las pasiones.

La condición de ciudadano queda restringida a unos pocos miembros de la πόλις. Aristóteles remite a un modelo arcaico de esclavitud, un modelo que incluso Platón había superado en las Leyes. Para el filósofo de Estagira «unos hombres son libres por naturaleza y otros esclavos», siendo «para éstos la esclavitud una cosa justa3 y conveniente»4. Con todo, Aristóteles señala que los esclavos no deben ser mal tratados por sus amos y el propio Aristóteles –según cuenta Diógenes Laercio–, tras su muerte y vía testamento, concedió la libertad a los esclavos que le habían servido.

1Aristóteles, Política.

2Fraile, Historia de la Filosofía I (Grecia y Roma), pág. 550

3La justicia es la virtud fundamental que debe regir en una polis, regulando las relaciones entre la propia polis y sus miembros, así como éstos entre sí.

4Aristóteles, loc.cit.